Durante 4 días más de 50 voluntarios trabajamos junto a miembros de Bahía Solano en la ciudad de Quibdó.
Reconstruimos la escuela del barrio dandole una nueva perspectiva a sus 33 estudiantes. Nos pusimos en los zapatos del otro y encontramos una comunidad con ganas de aprender y mucho más por enseñar.
EL BARRIO MÁS LEJOS Y EL MÁS CERCA
Este es el barrio más cerca y más lejos de Colombia. Eso dicen sus habitantes. Es el más cerca porque hace parte de la capital de Quibdó; es el más lejos porque parece como si a todo Colombia se le olvidó. Pero es el barrio que pone la cara del otro lado del río Quito, es el que vive con orgullo su historia y el que con compasión ha acogido a cientos de desplazados de la comunidad embera. Vamos Colombia llegó a Bahía Solano porque a pesar de las dificultades en este barrio la gente se organiza sola tratando de crear un mejor futuro, así solo cuente con sus ganas y sueños hasta el momento. Vamos Chocó se creó acá para que el resto de Quibdó y de Colombia vea que sí se logra construir por encima de nuestras diferencias si se vive con orgullo y con la gasolina de los sueños.
Al barrio Bahía Solano lo bañan las mismas aguas que llegan al malecón de Quibdó. Son parte de la misma ciudad. Pero para los habitantes del barrio es como si no lo fueran. Han sentido el abandono por parte de su misma ciudad y de su país durante décadas.
El río Quito se cruza por mil pesos y solo así los habitantes de Bahía Solano pueden llegar a la otra Quibdó y acceder a servicios que deberían tener en el barrio. El río es su vida en su arteria.
En las aguas del río los habitantes pueden suplir sus necesidades básicas. Se lavan enseres y comida, cuando no hay agua lluvia recolectada se utiliza para cocinar, se lava la ropa y se entretienen los más chicos.
Pero el río Quito está envenenado por la minería que azota la región. Estudios han encontrado que el 100% de sus peces tienen mercurio.
Sus aguas tienen un 40% por encima de los niveles permitidos para el consumo humano. La pesca está envenenada, pero la gente tiene que vivir y no tienen más opción que seguir aprovechando sus aguas.
Cientos de miembros de la comunidad Embera han sido acogidos después de ser desplazados de sus hogares.
La convivencia en el barrio entre diversas culturas es un ejemplo para todo el país.
El marañón es el tesoro de Bahía Solano y los jóvenes sus maestros recolectores. En un abrir y cerrar de ojos se han subido en las ramas más altas para cosechar este fruto que dicen que ayuda a perder peso por su alto contenido de agua.
Al suelo de Bahía Solano llega de todo. Sin instalaciones de los servicios más básicos de acueducto y alcantarillado los desechos que no se van al río se descomponen en el suelo. Esta situación no debería darse en ninguna población del país, mucho menos en una capital departamental.
El potencial turístico del barrio es latente, su población está dispuesta y quiere trabajar por ello.
El barrio Bahía Solano quiere darle la bienvenida al país. Quiere que le reconozcan su orgullo, su historia y su gente. Ayudemos a que tengan cada vez más razones para seguir sonriendo.
