VAMOS TOLIMA
En el Cañón de las Hermosas ‘La Escalera’ define el paso del tiempo. Así le dicen a la chiva que sube y baja todos los días por las vías quebradas que bordean los abismos de esta geografía extrema. Son los buses que llevan a los habitantes a sus veredas, diecisiete de ellas que cruzan los páramos de las montañas que vieron nacer a las FARC, que sufrieron la invasión de la amapola, y el territorio que la mayoría de los colombianos solo podía visitar en su imaginación durante las últimas cinco décadas.
Pero esta vez pasó algo raro. Las escaleras subieron todas en caravana. No traían costales vacíos para llenar con sus cosechas de café pergamino, ni se habían amarrado a su techo alimento para engordar bestias. Las chivas estaban llenas de voluntarios. De hombres y mujeres de todas las clases sociales, empleados de diferentes empresas del sector privado, los de Gana Gana, los de Nutresa, los de Telefónica, los de ASD, los de Anglo Gold y los de Pavco. También los de Triple A y los de Arroz Diana, los de Paz Wear y los de Chevrolet. Los de IBM y los de Microsoft. Los de Bolivar Davivienda y el Grupo OBA. Los de Cemex y la de Argos. Con ellos un grupo de personas en proceso de reintegración de la ACR, algunos de la Gobernación del Tolima, un grupo de Los Goleros, recicladores de Ciudad Bolivar y los expertos de aseo de Interaseo.
Era una caravana de Colombia en su mayor expresión. Y llegaron a la vereda de Santa Barbara a trabajar con un propósito en común. La comunidad los recibió, les dio posada en la escuela, les dio comida, a cargo de las asociaciones de mujeres, les dio seguridad, a cargo de la Guardia Indígena de la zona. Pero sobre todo les dio una oportunidad para vivir una realidad diferente y una de las muchas que vive nuestro país. Fueron cinco días para construir terrazas de cultivo reutilizando llantas. Cinco días para reforestar con 1.500 árboles. Cinco días de talleres de costura, de emprendimiento, de liderazgo, de reciclaje. Cinco días para compartir con una comunidad que lleva 50 años viviendo en carne y hueso el conflicto colombiano.
Las tareas se cumplían, hora tras hora, de la mano del Ejército Nacional que llegó con su circo y la carpa se convirtió en el espacio donde todo pasaba. Donde las diferencias desaparecían y cada uno empezaba a reconocer que cada uno tiene un papel en la construcción de un mejor país. Donde un desmovilizado le pedía perdón a un ejército y una víctima reconocía la importancia de expresar sus sentimientos. Donde el sudor del día se convertía en la lección del día siguiente. Donde un partido de fútbol nos convertía a todos en hinchas de una misma experiencia. Donde los propósitos comunes primaban sobre los intereses personales. Donde todos vivimos lo que podemos ser, al menos por un momento. Vamos Tolima fue solo el comienzo, pero qué comienzo.
El cañón y su comunidad
La Escalera’ es la que sube y baja todos los días a los habitantes del Cañón de las Hermosas. Desde Chaparral hasta la última vereda La Alemania mueve tanto gente como sus cosechas de café.
El río Amoyá desciende desde el páramo atravesando el Cañón. Este río le ha dado vida a los grupos indígenas de la zona como los Pijao, también ha visto el nacimiento de las Farc como la invasión del boom de la amapola en los ochentas convirtiendo al Cañón en territorio vedado durante décadas.
Después del boom de la amapola, la comunidad se organizó para proteger sus recursos. Las fuentes de agua y sus bosques habían sido depredados gracias a la riqueza efímera que dejó el desepero por producir y vender la base para fabricar la heroína.
Son varias las veredas que se despiertan cada mañana con un coros de aullidos de los monos. Gracias al esfuerzo de la comunidad, se ha vedado la caza y la fauna local se ha empezado a recuperar.
Luz Mila Sanchez y su hija Alexa, son ejemplo viviente de la fortaleza de sus habitantes. Como corregidora, Luz Mila ha liderado a su comunidad y es una de las que hizo posible Vamos Tolima. Ella ha seguido acompañando el proyecto viajando a Vamos Chocó y a Vamos Antioquia.
El café remplazó a la amapola y hoy se ha convertido en la cosecha más preciada y en la fuente de ingreso de la gran mayoría de sus habitantes.
Fredy Ramírez, considerado uno de los mejores cafeteros de Colombia, es uno de los líderes que también hizo posible Vamos Tolima y es el primero en ofrecerse a trabajar en las siguientes intervenciones del proyecto a las cuales también ha asistido.
Un amanecer en el Cañón de las Hermosas. La vereda de Santa Bárbara esperaba la llegada de Vamos Colombia. El primero de febrero de 2017 se convertiría en el primer día en la memoria de muchos cuando cientos de personas de todas partes del país llegarían a construir país y no a huir del conflicto que los había azotado durante décadas.
